“Llueve sobre Singapur, sí, llueve en los confines de la Malasia, llueve con la fuerza de las mareas, de los espíritus de los ancestros milenarios, llueve con el poder recurrente de la naturaleza, del dios de la lluvia que gobierna los cielos y los mares.”Así empieza la novela de mi compañero, paisano y amigo Francisco Rodríguez Tejedor.
Un libro intenso, vivo.
Denso en algunas ocasiones pero lleno de sentimiento y poesía. Profundo y lento en saborear; para leer despacio, sin prisa. Una recopilación de estampas llenas de vida, de los días aquellos en los que fuimos dioses... porque todos lo fuimos en alguna ocasión.
Me llama la atención la cantidad de historias que pueblan ésta pirámide literaria amasada durante muchos
años, con escenarios tan dispares como Singapur, Hong Kong, Sevilla y mi misma Alcarria, entre otros muchos.
Escenarios perfectos, reales.
Un libro tan viajero como su autor.
“-Háblame de Antonio Machado...”
Yo no, Francisco Rodríguez Tejedor realiza, en esta su primera novela, un precioso homenaje a tan gran autor. Omnipresente a lo largo de casi todo el libro como la lluvia, una lluvia dulce y a veces amarga que no deja de caer...
Dos de sus muchos personajes me han llegado de una forma especial, no sé por qué: Nando –Fernando Olivares- y Eva.
Un libro que apunta alto. Una estructura y forma muy cuidada, perfecta. Y un fondo exótico, lleno de situaciones límite.
Tal vez en estos días a mí me ha faltado más tiempo del que tengo para poder leerlo en su justa medida; estoy segura de que se me han pasado por alto mil detalles que descubriré en una nueva lectura. Porque de ahora para siempre pasa ya a mi biblioteca.

A Francisco, su autor, le conocí hace casi dos meses en una firma de su libro aquí en Guadalajara. Y la primera impresión que tuve de él no me ha fallado; su amabilidad y cortesía son un fiel reflejo de El día que fuimos dioses.
Un libro intenso, vivo.
Denso en algunas ocasiones pero lleno de sentimiento y poesía. Profundo y lento en saborear; para leer despacio, sin prisa. Una recopilación de estampas llenas de vida, de los días aquellos en los que fuimos dioses... porque todos lo fuimos en alguna ocasión.
Me llama la atención la cantidad de historias que pueblan ésta pirámide literaria amasada durante muchos
años, con escenarios tan dispares como Singapur, Hong Kong, Sevilla y mi misma Alcarria, entre otros muchos.Escenarios perfectos, reales.
Un libro tan viajero como su autor.
“-Háblame de Antonio Machado...”
Yo no, Francisco Rodríguez Tejedor realiza, en esta su primera novela, un precioso homenaje a tan gran autor. Omnipresente a lo largo de casi todo el libro como la lluvia, una lluvia dulce y a veces amarga que no deja de caer...
Dos de sus muchos personajes me han llegado de una forma especial, no sé por qué: Nando –Fernando Olivares- y Eva.
Un libro que apunta alto. Una estructura y forma muy cuidada, perfecta. Y un fondo exótico, lleno de situaciones límite.
Tal vez en estos días a mí me ha faltado más tiempo del que tengo para poder leerlo en su justa medida; estoy segura de que se me han pasado por alto mil detalles que descubriré en una nueva lectura. Porque de ahora para siempre pasa ya a mi biblioteca.
A Francisco, su autor, le conocí hace casi dos meses en una firma de su libro aquí en Guadalajara. Y la primera impresión que tuve de él no me ha fallado; su amabilidad y cortesía son un fiel reflejo de El día que fuimos dioses.


