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miércoles, 7 de diciembre de 2022

Se venden abrazos

 -Necesito un abrazo de oso, pago al contado.


-Y yo necesito un coche de segunda mano y lo pagaré a plazos- dijo Marcelo colgando el auricular del teléfono con fuerza- Esto no hay quien lo aguante, ¡llevan toda la mañana llamando!.

Mamá le decía a mi padre que tuviera paciencia que aquel era el día de los santos inocentes. Lo malo fue que al día siguiente siguieron llamando, y luego al otro y al otro. Papá estaba de un humor de perros, si es que los perros tienen humor, y a cada uno que llamaba le amenazaba con pegarle un guantazo. Mamá procuraba calmarle diciéndole que la gente necesita tocarse, sentirse, comunicarse, que la gente siempre necesitaría calor, pero hasta ella reconoció que se estaban poniendo pesados.

Mi padre pasaba sus vacacion
es de Navidad cambiando abrazos de oso por guantazos de gorila, y yo me sentía culpable.

El día de año nuevo llamó la tía Luisa y ahí acabó mi culpabilidad, y empezó el castigo. Papá preguntó al techo qué había hecho él para merecer una hija como yo, pero antes había mirado el periódico y se lo había enseñado a mamá. A mamá le pareció enternecedor el anuncio donde se vendían abrazos de oso, me miró sonriendo y con esa cara que pone cuando se le va a salir el agua de los ojos, pero me escondí detrás de las cortinas cuando oí a papá mascullar:

-Esta niña es igual que su madre, necesita un castigo o se pasará la vida viviendo en las nubes.

Y por eso os escribo, queridos Reyes Magos, para aclaraos que yo sólo quise ayudar. Siempre oigo decir a mis padres que con un solo sueldo no llegamos a fin de mes, que si después de las Navidades viene la cuesta de no sé qué calle... Y me acordé que mi hermana Carolina había vendido besos por un euro en la fiesta del cole, con lengua valían seis y sólo se los daba a los mayores como ella, si yo vendía mis abrazos de oso nos haríamos ricos. Papá decía que eran los mejores del mundo. Así que pensé que si de mayor quiero ser empresaria ( que por eso os he pedido la máquina de hacer dinero), pues estaría bien empezar con un pequeño negocio. La Carolina se reía cuando vio el anuncio antes de mandarlo al periódico, decía que nadie necesita abrazos y menos los míos de oso. Y aunque sé que mi primer negocio ha tenido éxito, os escribo muy rápidamente, porque seguro que ya habéis salido de Oriente, para deciros que ya no quiero la máquina de hacer dinero. Creo que papá tiene razón y me pasaré la vida viviendo en las nubes, por lo que necesito con toda urgencia un traje de astronauta.

PD: no importa si no es rosa.


                                                                                                         ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,>                   María Narro