
A veces atravesamos épocas difíciles, injustas y que no entendemos. No consigues que se reconozca tu trabajo de muchos meses ni tu labor de investigación, al menos que te lean; se muere tu mascota...
Y un día aparece Bruno, y sus cuatro patas se van afianzando en tu alma aunque las palabras del veterinario no sean muy prometedoras. Consiguió vivir dos meses solo, y ahora vuelve a correr, jugar, confiar y a protestar cuando le bañas.
Refinitivamente voy a aprender a ladrar ;))
Me lo llevé a dar un paseo después del baño, se está convirtiendo en tan buen perro guardián que no deja pasar a ningún coche por NINGÚN camino. Se pone enfrente del coche, le para y se pone a ladrar. Y yo desde la orilla llamándole para que viniera a mi lado. El del coche riendo me dice “tranquila” y se va por otro camino; me arrimo a Bruno preguntándole que si está tonto y me pone la cabecita para que le acaricie, y le digo: -¡castigado, nos vamos a casa!. Y en cuanto enfilo el sendero de la finca sale corriendo a la vez que mueve el rabo buscando a mis sobrinos.

Eso es poesía... ahora nos toca educarle.
Y la luna llena nos cubrió y empezaron a nacer los lirios en mi jardín...