
*Somos tantos los que no hemos votado o votado en blanco que, ¿’adónde’ han arrasado los pepes que yo no me entero? Una victoria a costa del voto en blanco siempre será una victoria con minúscula y ellos lo saben, por muy cínicos que sean (hace años que dejé de creer en las mentiras de la política... pero si hay que votar para echar a otro Aznar se hará)
Y ahora imagínenme muy enfadada amenazando a la cámara -estilo Sálvame-: ¿vale?
*¿Hay que tener en cuenta todas las críticas que te hagan? Si ya sé que cuando escribes un libro en cada lector habrá una interpretación distinta ¿y cuál es la válida para colgar en un sitio público? Me temo que la de alguien que te confiesa en privado que atraviesa una depresión y se lee tu libro a la fuerza en dos meses... me temo que no. Eso me pasó hace cinco años con Alberto Vallejo y lo digo porque el archivo aún pulula por la red.
¿Y qué pasa con las opiniones que no se cuelgan pero se quedan perpetuadas en tu mente? Más reciente... esto fue mucho más reciente. Duele tanto releer los cabos que tú dijiste que dejé sin atar, es una de las partes más emotivas de Las palabras del viento.
Han pasado ya 6 meses y como dije en ‘¿a qué huele el tesón?’ las prisas no son buenas. No te nombré ni te nombro, para ¿qué?
Tú sabrás lo que haces, ahora que ya puedes pensar.
*¿Se es menos inteligente por escribir novela corta? Resulta ridículo pensarlo... entonces ¿por qué se las dan de supermegaguay de intelectuales los que escriben tochos que muy pocos van a leer?